¿Tienes un doble?

Tal y como explica Michael Sheeham, biólogo de la Universidad de Cornell, en principio nuestra especie tiende a la diferenciación entre los individuos. “Para los seres humanos es mucho más ventajoso saber distinguir a una persona de otra”, relata el experto, “por eso, genéticamente tendemos a la diversidad en nuestra apariencia”
Pero, tal y como el propio investigador reconoce: “Aunque sean muchos, esa cantidad de genes involucrados en nuestra apariencia física es limitada. Eso quiere decir que aunque haya muchísimas combinaciones posibles, al final conforme aumenta la población se llega al punto en que alguna acaba repitiéndose”.

Sheeham explica además que, pese a la globailización, nuestros genes se han vuelto menos viajeros que antaño. “Antiguamente las poblaciones se desplazaban más, y eso favoreció la diversidad genética pero, en los últimos siglos, tendemos a a emparejarnos y reproducirnos con personas de un entorno relativamente cercano, casi siempre de nuestro mismo país, y eso reduce la variedad genética, aumentando las probabilidades de que surgan más personas físicamente parecidas”.

¿Y qué ocurre con esas personas que se parecen de forma asombrosa sin que sean miembros de una misma familia? “No hay nada misterioso en ello. Son gente que seguramente está unida por un parentesco lejano, aunque ellos no lo sepan”.

Así que ya saben, si se encuentran de bruces con un desconocido que se les parece, con toda probabilidad será un primo lejano suyo.

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